Amor y dolor, a ritmo de 'bluegrass'. Desde Bélgica un buen film.











Un grupo de música country resuena en una zona rural de Bélgica mientras uno de sus integrantes se enamora de una tatuadora. La situación parece un poco insólita, pero es el punto de partida de la película El círculo de amor se rompe, un drama con visos musicales que se estrenó el primero de enero en el país.





La cinta cuenta la dura experiencia de una pareja (Elise y Didier) que enfrenta el cáncer de su única hija. La historia se transforma en un retrato humano y doloroso de la relación de dos personas que tratan de mantener a flote sus sentimientos a pesar de las diferencias ideológicas y los duros golpes de la vida.





Los conflictos de Elise y Didier se gestan entre canciones de bluegrass y country (ritmos de EE. UU.), junto a los sobresaltos hogareños. El drama se acompasa con los conciertos del grupo que acompaña a los protagonistas, lo cual mitiga un poco las duras circunstancias que los rodean.









El director de El círculo de amor se rompe, Felix Van Groeningen, conversó con EL TIEMPO acerca de esta cinta que ganó dos premios en el Festival de Berlín, uno en los galardones del cine europeo, dos en Tribeca y está preseleccionada para optar por un puesto entre las cinco finalistas al Óscar a mejor película en habla no inglesa.





La película está basada en la pieza teatral homónima. ¿Fue difícil adaptar una obra tan exitosa en Bélgica?


Fue complicado porque era muy emocional. A veces me asustaba que pasara de ser una gran puesta en escena metida en un filme malo, pero al final fue una experiencia grandiosa ya que teníamos un material impresionante.





El filme está lleno de ritmos como ‘bluegrass’ y ‘country’. ¿Son populares en Bélgica?


No sabía nada de bluegrass ni country hasta que comencé a rodar El círculo de amor se rompe y este tipo de música no era tan popular en Bélgica, pero ahora lo es, en cierta medida, gracias a la película.





¿Fue duro para los protagonistas adaptarse a estos géneros musicales?


No fue difícil para ellos, pues Johan Heldenbergh (Didier) ya estaba tocándolos desde hace un par de años y Veerle Baetens (Elise) tiene conocimientos musicales, lo que hizo que se adaptara muy rápido.





Esta cinta es un crudo retrato de la vida en pareja y sus crisis. ¿Por qué se interesó en esta temática tan emocional?


Cuando vi la obra de teatro, sentí que era muy realista y que uno podía entender perfectamente lo que les estaba pasando a los protagonistas. Es una historia desgarradora, pero funciona en diferentes niveles… Los personajes representan arquetipos que se identifican con los hombres, las mujeres, la ciencia, la religión y la política.





Precisamente, la película critica duramente a Estados Unidos, la religiosidad y hasta a la administración del expresidente George W. Bush…


Esas críticas eran parte del montaje teatral. Por ende, tenían que ser parte del filme. Frente a la religión, yo mismo me encontré con una sensación de malestar, acerca de todo ese fundamentalismo religioso que es capaz de introducirse en nuestras vidas.





¿Cómo se siente al saber que su película es una de las semifinalistas en la competencia por el Óscar, en la categoría de mejor cinta en lengua no inglesa?


Es muy emocionante, por supuesto. Sin embargo, trato de mantener los pies en el suelo, porque no estamos nominados aún. Pero estamos tan cerca de conseguirlo, sería un orgullo para Bélgica, así que ojalá lo logremos.



Extraído de:Vive.in