Fogerty: "Creedence fue la mejor banda después de los Beatles"




EL PAÍS de Madrid- FERNANDO NAVARRO
Difícil
encontrar una risa tan contagiosa como la de John Fogerty, que desde su
casa de Los Ángeles habla por teléfono con su voz de adolescente
educado. "Disfruto de la música y soy feliz viajando por el mundo",
asegura el fundador de Creedence.
Su alegría es el indicador más evidente de que, desde hace tiempo, el hombre que
revolucionó la música de raíces estadounidenses, pero que estuvo
torturado por un conflicto legal con sus canciones, sólo mira hacia
adelante.
Su último testimonio discográfico, Wrote a song for everyone (Vanguard, 2013), refleja este entusiasmo vital,rodeándose de viejos amigos y buenos discípulos para interpretar sus
canciones más célebres.
Camaradas
como Keith Urban, Bob Seger, Kid Rock o Foo Fighters y los últimos
acólitos de su impresionante legado al frente de la Creedence Clearwater
Revival como Dawes, Zac Brown Band, My Morning Jacket o Alan Jackson
dan forma a un jubiloso álbum en el que el country tiene gran peso. "Ha
estado siempre presente en la psicología de la música de EE.UU. El rock
n` roll le debe bastante, como se puede ver en sus primeros éxitos como
Jambalaya y en pioneros como Elvis Presley o The Everly Brothers",
explica el músico, que actuó en el ciclo Músicos en la Naturaleza, en
Hoyos del Espino (Ávila).



El country ha sido uno de los
grandes ingredientes con los que Fogerty ha creado su sabrosa obra,
pero no el único. El sonido sencillo y adictivo que caracterizó a
Creedence a finales de los `60 fue una mezcla fantástica de espíritu
vaquero con rock sureño, rhythm & blues y swamp pop, ese desgarrador
soul blanco a medio camino entre Louisiana y Texas. "Cuando éramos
jóvenes sonaba esa música psicodélica y en boca de todos estaban
Grateful Dead o Jefferson Airplane. No sentía que fuera mi lugar. Yo
estaba en la música de raíces... no se nos dio tan mal lo que hicimos",
ríe.






Historia. Desde el verano de
1968 hasta las navidades de 1970, la banda redefinió el mapa de la
música popular cuando la contracultura estaba en su punto álgido. Entre
las cuatro paredes de un garaje familiar, estos chicos de clase media
del barrio de El Cerrito, a las afueras de San Francisco, alumbraron un
catálogo asombroso de canciones de tres minutos, sustentadas en los
riffs de Fogerty, tal vez el músico con la mejor colección de punteos de
la historia después de Keith Richards, que entraban plenos y divinos,
con ese poderoso aire blues, inspirados en sus referentes Steve Crooper y
Bo Diddley.





En poco tiempo pasaron de las emisoras universitarias a la radio nacional, arrasando en las listas.





"Fuimos
como un rayo de luz, un puro destello", proclama Fogerty, que siempre
supo que durante ese período mágico algunos los vieron como la gran
respuesta americana a los Beatles. "Podemos", bromea, "dejarles como la
mejor banda de todos los tiempos y a la Creedence Clearwater Revival en
el segundo puesto".





Fueron la
rebelión dentro de la revolución. Allí donde Jim Morrison y toda una
legión triunfaban con su experimentalismo, en el mundo de Fogerty
habitaban personajes cotidianos, que buscaban salir adelante o
divertirse. "Hank Williams fue una gran influencia. Te hablaba del
entorno con la virtud de hacerte creer que te estaba hablando a ti",
reconoce.





Idiosincracia.


Su
sonido pantanoso e irresistible, lleno de resonancias místicas,
conectaba con el alma americana. Si en la literatura existe el concepto
de Gran Novela Americana que busca busca capturar una época, la
Creedence ocuparía un lugar de honor en el de la Gran Canción Americana.
Ellos señalaron con euforia un camino que luego seguirían Dylan, The
Band, Springsteen y decenas de músicos y bandas hasta hoy.





El
hechizo se terminó en 1972, aunque Fogerty no imaginó que el sueño se
convertiría en pesadilla, después de que el dueño del sello Fantasy,
Saul Zaentz, se quedase con todos los derechos de sus canciones. Durante
años cavó su propia tumba al romper relaciones con todos sus
excompañeros, incluido su hermano: "Lo pasé muy mal. Entré en depresión.
Me era imposible ser feliz".





Amargado
y sin rumbo, inició una carrera en solitario en 1975 marcada por los
tumbos, con trabajos interesantes como Centerfield y otros muy menores
como Eye of zombie, hasta que la gira Vote for change, en 2004, junto a
Springsteen y R.E.M., entre otros, para pedir la salida del presidente
George W. Bush, y el disco Revival, en 2007, lo volvieron a conectar
consigo mismo.





"Desde entonces me
siento más feliz. Ya no me embarga la ira cuando hablo del grupo",
dice. "Incluso no descarto la reunión de la Creedence. He leído que a
los otros chicos -Stu Cook y Doug Clifford, su hermano falleció en 1990-
les parece bien, así que no empieza a ser un problema para mí. Es
cierto", asegura entre risas.