El post-punk: del postureo rabioso a las listas de éxitos



Superando etiquetas, grupos como The Police, The Clash o Pretenders entendieron que el negocio estaba en la melodía.


Año 1977, el del jubileo de plata de Isabel II de Inglaterra. Un tipo llamado Gordon Matthew Sumner, más conocido como Sting en los garitos, camina hacia la oficina de empleo de la calle Lisson Grove (Londres). Cuando pasa junto a una casa victoriana repara en un Bentley negro con chófer de librea. Del auto se bajan Sid Vicious, Johnny Rotten y Steve Jones, tres de los miembros de los Sex Pistols, con sus pantalones de cuero y su pelo de punta. El cuarto, el batería Paul Cook, está asomado a una ventana del citado edificio. «Iban muy pasados de vueltas, bebiendo latas de cerveza y gritándole a Paul, que parecía divertirse con sus payasadas», recuerda Sting en su autobiografía, Broken Music (Ediciones B). «Si hubiera tenido una cámara de fotos habría captado un retrato perfecto de Gran Bretaña en el año del jubileo, con sus irónicas contradicciones y sus díscolos e hilarantes retoños. Me gustaban los Pistols. Lo único que les envidiaba era que ellos no tenían que ir a firmar el paro aquel día y yo sí».


Sting (Wallsend, Inglaterra, 1951), líder de The Police, tal vez la banda más exitosa de la década de los 80, tiene hoy aún menos que envidiar a aquellos gamberros cuya gloria fue una luz de bengala (en especial Sid Vicious, muerto de una sobredosis de heroína en 1979, a los 21 años de edad), aunque a finales de los 70 casi todos querían ser como ellos. Por ejemplo, Stewart Copeland, percusionista y auténtico fundador de The Police. «Le entusiasmaba el punk, músicos sin formación que desdeñaban la delicadeza y la técnica para decantarse por una energía pura y sin aditivos», escribe Sting. «Decía que quería formar parte de aquello, que iba a ser como una ola que se llevaría por delante todo lo demás».
El carismático Sting pensó que «enarbolar la bandera de la oportunidad» para asaltar la industria discográfica era plausible. Copeland había escrito dos temas que podrían entrar en el canon punk: Fall Out y Nothing Achieving, adaptadas al pulso anfetamínico de su batería. Next to You, que abre el álbum de su debut, Outlandos d’Amour, tiene raíces punk. Pero ahí se acabaron las bromas. En agosto de 1977, en el festival de Mont-de-Marsan (Francia), Sting y sus socios patinaron porque «el público, que prefiere a los grupos de estricta observancia punk, les consideró poco menos que unos impostores que pretenden subirse al carro», señala Joan Sardá en su libro The Police (Ediciones Robinbook). Sting está a punto de componer Roxanne, «una canción romántica de amor (un anatema en aquellos momentos)», que iba a cambiar la historia de la banda.
New wave, reggae blanco... Qué más da la etiqueta. The Police entró en órbita gracias al talento de Sting, la mezcla de ritmos jamaicanos con el pop-rock británico y el olfato de Miles Copeland, hermano de Stewart y mánager del grupo. El dinero y la posteridad estaban en la traición al nihilismo punk, en dejarse de postureos: eso lo entendió también The Clash, abanderado del movimiento cuyo London Calling (1979) está considerado uno de los mejores discos de la historia. Los tres acordes, los berridos y las crestas de colores no rentaban. De los rescoldos surgieron nombres (cada uno en su estilo) como Elvis Costello, Blondie, Siouxsie and the Banshees, The Cure y The Pretenders, por citar unos pocos.

Chrissie Hynde (Akron, Ohio, 1951) en su incendiaria autobiografía A todo riesgo. Memorias airadas de una Pretender (Malpaso) habla de aquellos tiempos tempestuosos que precedieron al éxito, del atracón de juergas y drogas y de su relación con los Sex Pistols. Casi se convierte en la señora de Sid Vicious antes de la relación de este con Nancy Spungen, una groupie a la que Hynde despreciaba. En su opinión, había convertido al gurú del punk en un «calzonazos encoñado». «Todo había ocurrido demasiado rápido para Sid. La fama, las drogas y Nancy se habían fusionado en una sola cosa. La cara de Sid había terminado siendo una versión pringosa y distorsionada de sí misma», describe. El 12 de octubre de 1978 Spungen apareció muerta con una puñalada en el abdomen. Tenía veinte años. Vicious fue acusado de asesinato. El «caballo» se lo llevó sin que mediara juicio. Y el pálido y desgarbado guitarrista James Honeyman-Scott, antes de morir de una sobredosis de cocaína -otro hijo de su época-, rescató a Chrissie Hynde de la fiebre punk para escribir la historia grande de Pretenders.